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Tienes derecho a que te dejen en paz

¡Blamm¡ Otro portazo. Por fin estás solo. Te sientas en la silla. Enciendes el ordenador para chatear con tus colegas y navegar por la red. Solo con tus aparatos, apartado de los pesados de tu padre y tu madre y de los peques de la casa.

¿Sabes quién está mirando?

Las clases pueden ser aburridas. Puede resultar muy tentador esconderse tras la pantalla y encontrar algo más divertido. Pero aunque estés sentado en una esquina y no haya nadie mirando por encima de tu hombro, mucha gente puede ver lo que estás haciendo.

Tienes derecho a que te dejen en paz

Sabías que ...

Tienes derecho a que te dejen en paz

La protección de los datos personales es una cuestión de educación que tiene que ver con las buenas maneras. Normalmente no nos entrometemos en la vida de los demás, no miramos por las mirillas de las puertas, ni abrimos las cartas de nuestros vecinos, ni leemos los correos electrónicos dirigidos a otras personas.

Todas las personas tenemos cosas que no queremos compartir con los demás. No porque sean ilegales o haya que esconderlas, sino simplemente porque son asuntos privados nuestros. Ésa es la razón por la que eres tú quien decide qué pueden saber sobre ti los demás y qué información te quieres guardar para ti.

Tus opciones

Sólo tú decides qué quieres compartir y con quién. En la recepción de la consulta del médico, poca gente dirá en voz alta que quiere hacerse el test del SIDA, máxime si la sala de espera está llena de gente escuchando atentamente. No habrá mucha gente que envíe fotos en las que aparezca desnuda por SMS, corriendo el riesgo de que cinco segundos más tarde dichas fotos lleguen a manos de su novio o novia, profesores y familia. A nadie le gusta que los demás se entrometan en sus cosas.

Tus límites

La necesidad de tener un espacio personal propio, que los otros respeten, varía de una persona a otra. Cada grupo de amigos puede tener un concepto diferente de lo que es privado. Más aún, las actitudes acerca de lo que es privado han cambiado. Es probable que haya cosas que tus mayores sólo se habrán atrevido a hacer a puerta cerrada, mientras que tú se las contarás a los demás sin pensártelo dos veces.

En ocasiones, necesitamos permanecer en el anonimato. Deberíamos poder tener la seguridad de que nadie puede saberlo todo sobre nosotros o ver todo lo que hacemos.

Gracias a eso podemos ir al médico sin que los demás sepan para qué hemos ido. También se debería poder ir al baño sin que haya una cámara grabando.

Tienes derecho a cerrar la puerta y a decidir a quién invitas a entrar.

La Ley sobre Datos Personales

Chica con datos

El objetivo de la Ley de Protección Datos Personales es asegurar que la información sobre ti se utiliza de un modo respetuoso. El propósito de esta Ley es proteger a las personas contra las violaciones de su derecho a la privacidad que se lleven a cabo por medio del procesamiento de datos personales.

Datos personales

Un dato personal es un dato que puede relacionarse con una persona concreta. Por ejemplo, el nombre, la edad, la dirección y el número de teléfono son datos personales sólo si pueden relacionarse con una persona. Las imágenes en las que pueda identificarse a una persona también son una forma de datos personales, incluso si en la imagen no se menciona nombre alguno.

Tu DNI o el número de tu gazte-txartela son datos personales.

Consentimiento

En principio, los demás no tienen permiso para utilizar tus datos personales a menos que tú hayas dado tu consentimiento de antemano; es decir, que estés de acuerdo en dejarles hacerlo. El consentimiento debe ser voluntario y otorgado libremente y puede revocarse en cualquier momento.

Ésta es la norma general, pero hay excepciones. Por ejemplo, en algunos casos, el ayuntamiento, la diputación o los departamentos del Gobierno pueden utilizar tus datos personales sin tu aprobación previa. La norma general es que, una vez que cumplas 14 años, puedes dar permiso para que se recopilen y utilicen tus datos personales.

Si eres menor de 14, quien quiera utilizar tus datos personales debe, por lo general, conseguir el consentimiento de tus tutores legales. Pero hay determinadas actividades en que el consentimiento lo tendrán que seguir dando ellos, aunque hayas cumplido 14 años. Por ejemplo, cuando se trate de abrir una cuenta bancaria.

Tus derechos